Una plantilla reutilizable para el guion de una audioguía
Usa este esquema de cuatro partes para una pieza. Sustituye cada texto entre corchetes por información contrastada con los registros de la colección. Mantén las notas de investigación y las indicaciones de pronunciación aparte de lo que escucharán los visitantes.
Situar: «Estás junto a [pieza y ubicación]. Fíjate en [un detalle visible]».
Explicar: «Ese detalle es importante porque [un dato o relato verificado]».
Relacionar: «Compara [un rasgo] con [otro rasgo o una experiencia conocida]».
Cerrar: «Antes de continuar, busca [un último detalle o una pregunta]».
Notas de producción: anota el identificador de la pieza, las fuentes consultadas, las indicaciones de pronunciación, la persona que revisó el texto, la fecha de aprobación y la duración medida al leerlo en voz alta.
Un breve ejemplo desarrollado
Este ejemplo inventado muestra la estructura; no describe una pieza de ninguno de los museos clientes de Journey Pal.
«Estás junto a un baúl de viaje de madera. Mira las tiras metálicas que rodean las esquinas. Protegen las partes que tienen más probabilidades de recibir golpes cuando se levanta y se mueve el baúl. Ahora compara las esquinas con la tapa lisa. ¿Dónde ves más desgaste? Esas marcas nos invitan a imaginar los viajes que ha hecho un objeto, pero no pueden decirnos quién fue su dueño. Antes de continuar, elige un detalle sobre el que te gustaría preguntarle a esa persona».
El comienzo sitúa al visitante; las frases siguientes dirigen su atención y el final le invita a responder. Si se trata de una pieza real, comprueba su construcción y su historia antes de grabar. Cronometra el guion en voz alta dentro de la sala y revísalo allí donde el oyente necesite una pausa.
Escribe para alguien que está de pie
Una audioguía no es un ensayo ni una cartela. Quien escucha está de pie, con el teléfono en la mano, mirando una pieza y probablemente rodeado de otras personas. Puede marcharse en cualquier momento, y lo hará si la primera frase no despierta interés por la siguiente.
Esa situación física debe guiar todas las decisiones. Las frases son más cortas que en un texto de interpretación escrito y acumulan menos subordinadas. Los nombres y las fechas aparecen de uno en uno, en vez de amontonarse, porque quien escucha no puede volver la vista a una frase como quien lee.
La prueba más útil es leer el borrador en voz alta, de pie y con el teléfono en la mano. Donde tú tropieces, el visitante dejará de escuchar.
Cuánto debe durar cada parada
Las paradas que mejor funcionan suelen durar entre 60 y 90 segundos, aproximadamente entre 150 y 230 palabras a un ritmo natural. Es tiempo suficiente para contar bien una historia y lo bastante breve para que el visitante no empiece a preguntarse cuánto queda.
La duración debe ajustarse a la pieza, no a una norma fija. Una pieza singular con una buena historia puede justificar dos minutos. Una introducción a una sala cuya función sea orientar al público debería acercarse más a los 30 segundos. Si todas las paradas duran lo mismo, suele ser señal de que el guion se escribió para rellenar una plantilla.
Si una parada supera los dos minutos, casi siempre conviene dividirla en dos. La división también da a los visitantes un momento natural para avanzar y evita que se acumulen grupos delante de una vitrina.
Introducción a una sala o galería: de 20 a 40 segundos
Parada habitual ante una pieza: de 60 a 90 segundos
Pieza destacada que merece más tiempo: hasta 2 minutos
Parada de un recorrido infantil: de 30 a 45 segundos
Empieza por la pieza, no por el contexto
El error estructural más frecuente es acumular antecedentes al principio. Una parada que comienza con dos siglos de historia política antes de mencionar lo que hay en la vitrina ya ha perdido a buena parte de su público cuando por fin llega a la pieza.
Invierte el orden. Nombra lo que el visitante está mirando, señala un detalle concreto y después amplía la explicación para mostrar por qué importa. Ese detalle cumple una función: da algo que hacer a la vista mientras el oído escucha y demuestra que la guía habla de esta pieza, en lugar de recitar una historia general.
Una estructura fiable es: lo que estás mirando, un detalle en el que fijarte, la historia que hay detrás y por qué sigue importando. Cuatro pasos, una idea en cada uno.
Escribe pensando en la traducción
Si la guía estará disponible en más de un idioma, el guion en inglés será el texto de partida para las demás versiones. Algunas elecciones que dan personalidad al inglés pueden resultar costosas o perder sentido en otros idiomas.
Los modismos son el problema más habitual. También lo son los juegos de palabras, las referencias culturales implícitas, las metáforas deportivas y los chistes que dependen del orden de las palabras en inglés. Es posible traducirlos, pero cada caso lleva tiempo y a menudo da como resultado una frase menos expresiva.
Ten en cuenta también los cambios de extensión. Es frecuente que un texto traducido sea más largo que el inglés. Una parada que ya dura dos minutos en inglés puede resultar demasiado larga en otra lengua. Dejar margen en el texto inglés es más fácil que recortar once traducciones después.
Evita modismos, juegos de palabras y referencias culturales demasiado específicas
Mantén los nombres propios coherentes para que todos los traductores empleen la misma forma
Deja margen de duración porque las traducciones suelen ser más largas
Marca las palabras que deban permanecer sin traducir, como los topónimos y los términos en maorí
Cuenta lo que una cartela no puede
Si el guion repite la cartela, la audioguía pierde su razón de ser. El visitante ya puede leerla, normalmente más rápido de lo que tardaría en escucharla.
El audio aporta valor cuando transmite cosas que el texto comunica con dificultad. La voz puede expresar tono, duda, humor y ritmo. Puede sostener una pausa y permitir que un conservador suene como una persona con una opinión, en vez de como una institución que fija una postura. También puede incorporar sonidos que no son palabras: una grabación de la máquina en funcionamiento, la acústica de la sala o un fragmento de historia oral en la voz de quien la cuenta.
Una buena pregunta para cada parada es qué podría oírse aquí que no se puede mostrar. Si no hay respuesta, probablemente se trate de una cartela leída en voz alta.
Revísalo antes de grabar
Corregir un guion cuesta poco. Corregir una grabación cuesta más; corregir once grabaciones traducidas de un guion que contenía un error en inglés resulta todavía más caro.
Incluye una revisión antes de grabar nada. Alguien que conozca la colección debe comprobar la exactitud. Alguien que no la conozca debe comprobar la claridad, pues detectará los conocimientos previos que los especialistas dan por supuestos. Si la guía trata materiales culturales, la comunidad correspondiente debe revisarlos mientras todavía sea fácil hacer cambios.
Lee la versión final en voz alta, en el espacio y en el lugar donde se situará el visitante. Los guiones que superan esa prueba suelen funcionar también con visitantes reales.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas palabras tiene una parada de audioguía de dos minutos?
Unas 300 palabras a un ritmo de narración natural de alrededor de 150 palabras por minuto. La mayoría de las paradas funciona mejor con entre 150 y 230 palabras, es decir, de 60 a 90 segundos.
¿Deben escribir los conservadores el guion de la audioguía?
A menudo sí, porque conocen la colección y las historias que merece la pena contar. Conviene añadir una segunda persona que no conozca la colección: detectará los conocimientos previos que se dan por supuestos y dificultan seguir la narración.
¿Podemos reutilizar las cartelas de la exposición como guion?
Pueden servir como punto de partida para los datos, pero una cartela leída en voz alta suele dar como resultado un audio poco atractivo. Las cartelas están escritas para leerse de un vistazo y omiten el tono, el ritmo y los comentarios que hacen que merezca la pena escuchar.
¿Necesitamos un guion diferente para cada idioma?
No. Escribe un buen guion original y tradúcelo. Redactar guiones independientes para cada idioma multiplica el trabajo y hace que la guía sea incoherente de una lengua a otra.

