Paneles y folletos impresos
Es la solución ya presente en la mayoría de los museos y la alternativa con la que realmente compiten las demás. Los textos impresos son fiables, no necesitan electricidad ni cobertura y sirven a cualquier visitante que lea el idioma en el que están escritos.
Sus límites son físicos y económicos. El espacio en las paredes limita lo que se puede contar, y cada idioma adicional ocupa más superficie hasta que los paneles resultan difíciles de leer. Cualquier corrección exige una nueva impresión, de modo que los errores pueden permanecer años. Los folletos traducidos también se quedan anticuados sin que se note, porque rara vez resulta asequible reimprimir todas las versiones a la vez.
No hace falta sustituir por completo el material impreso. Lo útil es mantener breve la información en papel y ofrecer desde ella una vía hacia contenidos más amplios.
Coste: bajo por unidad, pero vuelve a surgir con cada cambio
Personal: no requiere intervención tras la instalación
Idiomas: todos compiten por el mismo espacio en la pared
Actualización: lenta y exige reimprimir cada vez
Dispositivos portátiles
Es la audioguía tradicional: dispositivos guardados en recepción y entregados a cambio de una fianza o con la entrada. La calidad del sonido está controlada, la experiencia no depende del teléfono ni de la conexión del visitante y es igual para todos.
Los costes son continuos, no puntuales. Hay que comprar los dispositivos, cargarlos, limpiarlos, repararlos y reponer los que desaparecen. Cada entrega y devolución ocupa tiempo del personal en el momento de más actividad de la visita, y el número de unidades disponibles pone un límite a los días de mayor afluencia.
Los dispositivos siguen teniendo sentido cuando no es práctico utilizar teléfonos o cuando el museo quiere controlar por completo la experiencia. Para la mayoría de los museos pequeños y medianos, sus costes de funcionamiento son la razón principal para reconsiderarlos.
Coste: compra inicial más gastos permanentes de funcionamiento
Personal: entrega y devolución diarias, carga y limpieza
Idiomas: cada dispositivo debe incluir todas las versiones y el número de unidades es limitado
Actualización: hay que cargar el contenido nuevo en todos los dispositivos
Una aplicación propia del museo
Una aplicación ofrece el máximo control, puede funcionar sin conexión una vez instalada y permite funciones que un navegador no ofrece. Para una gran institución con equipo digital y visitantes habituales, puede ser la solución adecuada.
El problema es la descarga. Pedir a alguien que está frente a una pieza que abra una tienda de aplicaciones, busque la aplicación, la instale, acepte permisos y quizá cree una cuenta hace que muchos abandonen justo en el peor momento. Los visitantes que utilizan datos en itinerancia son los menos propensos a instalarla y, a menudo, son los visitantes internacionales que más necesitan las traducciones.
Las aplicaciones también exigen mantenimiento ajeno a la colección. Las actualizaciones de los sistemas operativos, los cambios en las normas de las tiendas y los requisitos anuales para desarrolladores requieren atención aunque el contenido no haya cambiado.
Coste: el más alto de desarrollo, con mantenimiento técnico continuo
Personal: necesita apoyo técnico además del equipo de conservación
Idiomas: buena compatibilidad una vez desarrollada
Actualización: cambiar el contenido es sencillo, pero las nuevas versiones de la aplicación deben pasar la revisión de la tienda
Visitas guiadas por personal o voluntarios
Una persona que conoce bien la colección sigue ofreciendo la mejor interpretación que un museo puede proporcionar; ninguna de las opciones de esta página la sustituye. Puede responder preguntas, captar cómo reacciona el grupo y adaptar la visita a las personas presentes.
Las visitas también dependen de la disponibilidad y de los idiomas. Se celebran cuando hay alguien asignado, atienden al grupo presente en ese momento y casi siempre se hacen en un solo idioma. Los programas que dependen de voluntarios son más frágiles de lo que suele reconocerse al planificarlos.
En la práctica, las visitas guiadas y las audioguías atienden a visitantes distintos en vez de competir entre sí. La audioguía cubre los horarios y los idiomas a los que una visita no llega.
Coste: tiempo del personal o de los voluntarios
Personal: todo el modelo depende de su disponibilidad
Idiomas: normalmente uno, a veces dos
Actualización: inmediata, pero la constancia del mensaje depende de quien realiza la visita
Cómo decidir
Para la mayoría de los museos bastan tres preguntas. ¿Cuánto tiempo puede dedicar el personal de recepción en un día de mucha afluencia? ¿Cuántos idiomas necesitan de verdad, ahora y dentro de dos años? ¿Y con qué frecuencia cambian sus contenidos?
Un museo con tiempo disponible en recepción, un solo idioma y contenidos estables puede utilizar dispositivos durante años sin problemas. En un museo con un equipo pequeño, visitantes internacionales y exposiciones que cambian, los costes de mantener los dispositivos y la dificultad de conseguir que se descargue una aplicación son los factores que acaban decidiendo.
El error más común es elegir según las funciones disponibles el día del lanzamiento y no según el coste de los cambios posteriores. Todos los museos subestiman cuánto cambiarán sus contenidos interpretativos. Los sistemas que peor envejecen son aquellos en los que modificar algo sale caro.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la forma más barata de ofrecer una audioguía en un museo?
Ofrecerla en el teléfono del propio visitante mediante códigos QR, porque así se evitan la compra de dispositivos y el tiempo diario que el personal dedicaría a entregarlos. Los costes restantes son el contenido y la señalización.
¿Han quedado obsoletos los dispositivos portátiles de audioguía?
No, pero sus costes de funcionamiento son hoy el principal argumento en contra. Siguen siendo adecuados cuando no es práctico utilizar teléfonos o cuando es importante ofrecer la misma experiencia de reproducción a todos los visitantes.
¿Necesitamos una aplicación para la audioguía del museo?
No. Una guía que se abre en el navegador mediante un código QR evita la descarga, que es el momento en el que la mayoría de los visitantes abandona una audioguía basada en una aplicación.
¿Sustituirá una audioguía a nuestras visitas guiadas?
Por lo general atiende a otros visitantes en lugar de sustituir las visitas. Cubre horarios, idiomas y personas que visitan el museo por su cuenta a los que una visita programada no puede llegar.
¿Podemos conservar también nuestra señalización impresa?
Sí, y la mayoría de los museos debería hacerlo. Lo habitual es combinar un panel impreso breve con un código QR que conduce a textos más extensos y a sus traducciones.

